El relato que sigue fue publicado en los años 50 por la revista argentina Leoplan (1934-1965) en su sección “Colabore con Leoplan”, que versaba sobre “leyendas, cuentos y sucedidos del campo argentino”. Muchos lectores enviaban sus experiencias allí para su publicación. El relato que sigue fue una vivencia real de uno de sus lectores.
Era una noche oscurísima. El viento golpeaba las
retorcidas ramas de los árboles que bordeaban el sendero, produciendo un
siniestro silbido. El automóvil avanzaba penosamente por el fangoso y
desconocido camino. Yo viajaba solo, y un malestar interior me torturaba desde
hacía rato.
De pronto, en medio del camino, alcancé a ver el cuerpo
de un hombre que, inmóvil, parecía una estatua. Su rostro tenía la blancura del
mármol y, cosa extraña, a pesar de que la potente luz de los faros lo enfocaban
directamente a los ojos, los mantenía abiertos.
Frené bruscamente el coche y bajé, pero no hallé a nadie
a pesar de que revisé todos los rincones, ayudado por mi linterna de mano; solo
el viento seguía silbando en el ramaje y, a intervalos, los relámpagos surcaban
el cielo y gotas de agua me mojaban el rostro.
Volví la luz de mi linterna hacia el lugar donde viera
parado al misterioso individuo.
Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Frente a mi
tenía un canal con su puente hundido y en el que hubiera caído de haber
avanzado unos metros más. La misteriosa aparición me había salvado.
Subí al coche y tomé por otro camino, sin cuidarme de que
pudiese repetirse el peligro anterior, avanzando lo más rápidamente posible.
Llegué a la población más cercana y allí me dispuse a pasar la noche. A la
mañana siguiente, mientras me estaba desayunando, oí hablar del puente hundido
por los temporales. Me enteré así de que un anciano vecino del lugar, se había precipitado
al canal, muriendo instantáneamente.
Según averiguaciones que hice, el accidente del anciano
había ocurrido un par de horas antes de mi llegada a ese lugar y su cadáver
estaba allí.
Yo pienso
que desde el más allá el alma de desdichado viejecito me salvo la vida.Orgelio Chiappero (Galves)

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