domingo, 21 de diciembre de 2014

LA APARICIÓN SALVADORA.


El relato que sigue fue publicado en los años 50 por la revista argentina Leoplan (1934-1965) en su sección “Colabore con Leoplan”, que versaba sobre “leyendas, cuentos y sucedidos del campo argentino”. Muchos lectores enviaban sus experiencias allí para su publicación. El relato que sigue fue una vivencia real de uno de sus lectores. 



Era una noche oscurísima. El viento golpeaba las retorcidas ramas de los árboles que bordeaban el sendero, produciendo un siniestro silbido. El automóvil avanzaba penosamente por el fangoso y desconocido camino. Yo viajaba solo, y un malestar interior me torturaba desde hacía rato.

De pronto, en medio del camino, alcancé a ver el cuerpo de un hombre que, inmóvil, parecía una estatua. Su rostro tenía la blancura del mármol y, cosa extraña, a pesar de que la potente luz de los faros lo enfocaban directamente a los ojos, los mantenía abiertos. 

Frené bruscamente el coche y bajé, pero no hallé a nadie a pesar de que revisé todos los rincones, ayudado por mi linterna de mano; solo el viento seguía silbando en el ramaje y, a intervalos, los relámpagos surcaban el cielo y gotas de agua me mojaban el rostro.

Volví la luz de mi linterna hacia el lugar donde viera parado al misterioso individuo.

Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Frente a mi tenía un canal con su puente hundido y en el que hubiera caído de haber avanzado unos metros más. La misteriosa aparición me había salvado.

Subí al coche y tomé por otro camino, sin cuidarme de que pudiese repetirse el peligro anterior, avanzando lo más rápidamente posible. Llegué a la población más cercana y allí me dispuse a pasar la noche. A la mañana siguiente, mientras me estaba desayunando, oí hablar del puente hundido por los temporales. Me enteré así de que un anciano vecino del lugar, se había precipitado al canal, muriendo instantáneamente.

Según averiguaciones que hice, el accidente del anciano había ocurrido un par de horas antes de mi llegada a ese lugar y su cadáver estaba allí.
Yo pienso que desde el más allá el alma de desdichado viejecito me salvo la vida.

                                                                                                               Orgelio Chiappero (Galves)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

BOSSA, EL HOMBRE QUE ENTRÓ EN UN OVNI