¿Existen las almas que penan pues han partido sin resolver asuntos que les preocupaban? El siguiente escalofriante relato publicado en la Revista Leoplan constituye una historia verídica acerca de esta cuestión. (http://lacasadelmisterio666.blogspot.com.ar/2014/01/relatos-leoplan-de-terror.html)
Mi madre, hace mucho fallecida, había nacido en la ciudad
de La Rioja durante la época en que la “montonera” pretendía sentar su imperio
en todas las provincias andinas.
Fue en una noche de invierno, tempestuosa – muy a propósito
para el relato de leyendas y cuentos de terror y aparecidos – cuando nos narró
esta verídica historia que tuvo gran repercusión en todo el vecindario.
Era en el transcurso de 1886 cuando murió repentinamente
un sacerdote de Santo Domingo, de la ciudad riojana. El mismo día de su
inhumación, y tras la última campanada del reloj de la iglesia matriz,
anunciando la medianoche, algo insólito conmovió a la grey dominica ¿Qué había
ocurrido?... En el comedor de las celdas habíase escuchado una voz que decía
solemne:
- La paz de Dios en esta casa!
Y esa voz era del fallecido recientemente. Todos los de
la congregación que la oyeron entonces y después, confirmaron el aserto.
Durante muchas noches se sucedieron los pasos y la
exclamación de “¡La paz de Dios en esta casa!”, hasta que el superior del
convento – que fue el único que se animó – decidió poner en práctica cierto
procedimiento que la gente decía infalible para estos casos y evitar que un
alma anduviera penando. Y cierta noche tomó papel, tinta y pluma, y pocos
minutos antes de la hora habitual para la visita del “hermano desaparecido”,
fue al final del corredor, donde cesaban los pasos y se escuchaba la voz. Se
acercaba el momento culminante. Las doce campanadas comenzaron y luego de la
última se iniciaron los pasos. El superior – sin duda hombre de gran temple –
tendido sobre el piso, con los brazos en cruz, esperó el instante decisivo.
Cuando la voz dijo: “¡La paz de Dios en esta casa!”, le respondió sin vacilar: “Y
sea contigo”; agregando: “Si deseas algo para tu salvación, escríbelo, que
nosotros los cumpliremos. Tienes aquí lo necesario para ello”.
No hubo respuesta. Pasados algunos minutos, toda la
congregación, que oculta en las celdas permanecía angustiada en excitada
expectación, se informaba, por lo escrito de “puño y letra” por el sacerdote fallecido,
que éste deseaba arreglar asuntos familiares, sobre todo el relacionado con su
señora madre, que le atormentaba, por cuanto se quedaba sola. Daba
instrucciones y pedía misas para el descanso de su alma. Así se hizo de
inmediato, y desde entonces cesaron los pasos y la voz, volviendo “la paz de Dios”
a reinar en el claustro domínico.

FOnZi q groso! de pedo vi esta pagina, fui fanatico del Expedientes F, y buenisimo que sigas con estos temas por aca! Cuando quieras mandame un mensaje o algo q tengo unos tomos de unos libros de enigmas increibles
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