POSESIONES DIABOLICAS
La antigua creencia en la existencia de entidades malignas - que contaban con la capacidad de ocupar ciertos lugares o poseer personas - existió, o existe aun, en casi todas los pueblos o culturas del planeta.
Las horribles manifestaciones de los “poseídos”, consistentes según numerosos testimonios en graves alteraciones en la voz, fuerza descomunal, levitación, movimientos corporales sencillamente imposibles y alteraciones en el entorno (movimiento de mobiliarios, cambios bruscos en la temperatura del lugar, entre otros) llevaron a las diferentes sociedades a buscar una explicación para este fenómeno y a su consiguiente manera de darle fin.
Culturas
antiguas como la de los egipcios, sumerios o babilonios instrumentaron una serie
de ritos y conjuros con el fin de protegerse de entidades maléficas; algunos de
ellos también se utilizaban con el propósito de captar determinadas influencias
espirituales.
La
permanencia a través del tiempo de este fenómeno aun constituye para la ciencia
una cuestión que permanece abierta. Las religiones, por su parte, le han dado
una interpretación a esta cuestión y ofrece, desde su singular visión, una
respuesta.
La
iglesia católica, quien ha ido al fondo con el tema, cuenta con especialistas
en cuestiones de posesión diabólica y sus expertos afirman que solo un caso de
cada mil resulta ser verdadero.
El
Rituale romanum (1614) contiene la fórmula
de exorcismo que se utiliza hasta el día de hoy:
“Yo te exorcizo,
espíritu inmundo, toda incursión del adversario, todo espectro, toda legión, en
el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Despréndete y huye de esta criatura de
Dios. Te lo ordena aquel que te hizo precipitar desde lo alto de los cielos a
las profundidades de la tierra”.
La
Iglesia anglicana, otras congregaciones protestantes y “brujos” y “chamanes”
por fuera de las esferas religiosas establecidas también se ocupan de esta
desconcertante cuestión.
Más
allá de que la enorme mayoría de los casos interpretados como “posesiones
diabólicas” no sean tales, existe una pequeña cantidad de casos que desafían la
racionalidad humana. Y se trata de un fenómeno que no disminuye con el paso del
tiempo; por el contrario, la cantidad de casos aumenta.
La historia nos ha enseñado que casos como el de “los demonios de Loudun” (1631) - que le costó la vida al sacerdote Urbano Grandier acusado injustamente de tratos con Satanás - en realidad encubrían un conflicto de carácter político. El proceso de “Las brujas de Salem” (1862), la caza de brujas en territorio norteamericano, fue otra mezcla de fraude e histeria colectiva.
No
obstante, es fundamental considerar que antiguamente cualquier fenómeno de
carácter inexplicable recibía invariablemente un tratamiento de carácter
religioso.
Pero
de todas maneras, las causas o razones de la posesión diabólica aun sigue
siendo un misterio para la ciencia.



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