EL CASO DEL CABO VALDÉS.
En la madrugada del domingo 25 de abril de 1977 una patrulla del ejército chileno, compuesta por siete soldados y liderada por el cabo Armando Valdés Garrido, se hallaba en la pampa de Lluscuma -cercana a la localidad de Putre, República de Chile- realizando tareas de vigilancia. Entonces protagonizaron uno de los casos más emblemáticos de la ufología mundial.
El cabo Valdés, tan sobresaltado como sus hombres, no obstante tomó la voz cantante y pidió a los gritos que aquello se identifique. Al no obtener respuesta, el miedo se apoderó del grupo y a instancias de Valdés, todos enlazaron sus brazos encomendándose a dios y en un intento de darse fuerzas para enfrentar lo desconocido que los acechaba.
De pronto, el cabo Valdés creyó distinguir unas luces rojas a los costados de la luz blanca y se aferró a la remota esperanza de que se tratase de un vehículo militar o civil; entonces se desprendió de sus hombres y avanzó hacia la luz. Segundos después, el cabo Valdés desapareció.
Al cabo de quince minutos, Valdés retorna súbitamente al campamento. Posteriormente, uno de sus hombres declaró que lo vio caer del cielo como si se tratase de un bulto; el suboficial tenía la mirada perdida y parecía en trance; es en ese momento cuando pronuncia unas inquietantes palabras: “Ustedes nunca sabrán quienes somos, de dónde venimos, pero volveremos”. Los soldados notan que Valdés tiene la barba crecida como si hubiese pasado varios días sin afeitarse. Y algo por demás desconcertante: el calendario del reloj del cabo señalaba el día 30 de abril, es decir que se había adelantado cinco días.
Días después, el hecho toma estado público. El ejército chileno interroga y luego separa a los soldados implicados y se da a la tarea de confiscar los elementos del incidente, entre ellas, el reloj del Cabo Valdés. El asunto es tratado como secreto militar.
En estos últimos años, algunos de los implicados se atrevieron a romper el silencio que estuvieron obligados a mantener durante décadas. El caso se convirtió en uno de los incidentes OVNI más emblemáticos de Sudamérica.
Muchos años ya han pasado de este extraordinario incidente, que Valdés posteriormente desmintió públicamente; pero tal impugnación -lejos de aclarar la naturaleza del hecho- sonó más a un cambio de postura inducido por creencia religiosas – actualmente Valdés es un evangelista convencido- o bien por presiones de otro tipo; aun así, el cabo no deja de reconocer los principales hechos que vivió aquella noche (las extrañas luces, su desaparición, sus enigmáticas palabras posteriores, etc.) y admite que lo sucedido tuvo un carácter francamente inexplicable.
El caso, 37 años después, aún permanece abierto.




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