A fines del siglo XIX, el por entonces Imperio alemán desarrolló una importante producción de naves para su marina de guerra con el objetivo de superar el indiscutible poderío británico de ultramar. Así en 1917, durante el transcurso de la 1° Guerra Mundial, el submarino U-65 - el quinto sumergible de una serie de 6 construidos un año antes - fue botado en Hamburgo. Pero una serie de inexplicables sucesos, que incluyeron extrañas muertes, cimentaron una aterradora leyenda negra en torno a él. He aquí su historia.
Durante su construcción, en 1916, uno de los operarios falleció al golpearse con una de las vigas de la nave. A partir de entonces el U-65 estuvo signado por la tragedia. A principios de 1917, mientras era probado en mar abierto, la puerta de sala de máquinas se trabó y producto de ello tres tripulantes murieron asfixiados en el lugar. Pericias posteriores determinaron que la puerta abría y cerraba sin dificultad alguna.
Pero días después sucedió un hecho que espantó a la tripulación: durante una jornada de mar calmo y sin vientos fuertes, uno de sus marineros - mientras inspeccionaba la cubierta en los momentos previos a la inmersión – se arrojó imprevistamente al agua, sobre las hélices del motor encendidas. No obstante el extraño “accidente”, el capitán decidió proseguir con las maniobras e intentó sumergir la nave, pero esta no respondió y comenzó a hundirse sin control alguno hasta el fondo del mar. El pánico se apoderó de la tripulación ante la posibilidad de perecer por la falta de oxigeno. El calvario de la tripulación cesó, luego de varias horas, cuando el U-65 emergió por sí solo, tan súbitamente como se había sumergido.
La
posterior revisación en los astilleros no encontró anomalía alguna en la nave y
esta fue declarada apta para el servicio. Pero durante las reparaciones, un
torpedo estalla producto de un golpe matando a un oficial y ocho marineros.
Una vez en alta mar, varios tripulantes declararon ver en varios lugares del submarino al oficial que se había lanzado contra las hélices del mismo. Por esos días, durante una acción de combate, la tripulación, aterrada por permanecer en la nave, la abandonó en Dover a pesar del intenso fuego enemigo. El capitán murió en la acción.
El
pánico era tal entre los miembros de la tripulación, que prefirieron enfrentar
un Consejo de guerra antes de volver a embarcarse en el “submarino embrujado”.
En un hecho sin precedentes, el almirantazgo ordenó que un sacerdote exorcizara
la nave, quizás con el objetivo de apaciguar a los sobresaltados marinos.
Finalmente
la crónica consigna que el 18 de julio de 1918, el U-65 fue hundido en
superficie por el submarino estadounidense L-2, cerca de las costas irlandesas.
Sin embargo la posterior investigación - basada en el relato de las respectivas
tripulaciones - estableció que el capitán americano pudo divisar, sobre la
cubierta del submarino alemán, la figura de un marinero con los brazos cruzados,
similar al fantasma del oficial que se le aparecía a los tripulantes del U-65. No
obstante, el capitán ordenó lanzar los torpedos; pero antes que tal orden se
ejecutase el sumergible alemán explotó inexplicablemente.
El
U-65 se hundió dejando un saldo de 34 marineros muertos y la Marina imperial
rápidamente dio por terminado el caso. Pero ante la persistencia de los rumores,
emitió un comunicado que negaba todos los rumores, las declaraciones de los
testigos y solo admitía que: “en algún
momento el submarino había efectuado maniobras inexplicables que escapaban al
control y conocimiento de sus experimentados tripulantes”.





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