domingo, 11 de enero de 2015


“LA DISCÍPULA DE TUMAC”.

¿Existen personas capaces de predecir el futuro? La historia que sigue fue publicada en los años 50 en la revista Leoplan (http://lacasadelmisterio666.blogspot.com.ar/2014/01/relatos-leoplan-de-terror.html) y se trata de una aterradora experiencia real protagonizada por uno de sus lectores.
 
Los que vivimos en la ciudad y vamos al norte con el propósito de olvidarnos de las luces de Buenos aires y de todo lo que a diario nos ocurre, nos entregamos ávidamente a la contemplación de ese verde maravilloso que nos invade el alma, sedienta de quietud.  
Una tarde, cabalgando por las selvas chaqueñas con un amigo que había conocido en el viaje y haciendo un paréntesis a nuestra ávida contemplación de lo desconocido, nos acercamos a un rancho, que más que morada parecía cueva, en el que descubrimos a una anciana que poseía todos los atributos necesarios para ser tildada de bruja. 


- Niños - nos dijo - , ¿quieren que les adivine su porvenir?

- ¿Es usted gitana? – le preguntó Ernesto, que tal era el nombre de quien me acompañaba.

- Sepa usted, señor – le dijo la bruja- que nosotras, la discípulas de Tumac, sabemos mucho más que esas gitanas que se dicen adivinas y que, únicamente, son charlatanas; y si lo quiere probar, por unas pocas monedas le diré, no el pasado ni el presente, que eso bien lo sabe usted, sino su porvenir…; pero si le tiene miedo a la verdad… ¡eso es otra cosa!


Picados en nuestro amor propio y por temor a ser tildados de pusilánimes, aunque más no sea que por ese montón de huesos vivientes, nos acercamos a ella con nuestras palmas hacia arriba. 


- ¡Leé! – le dije.

Observó mi mano algunos minutos y dijo:

- El señor ha sufrido mucho, pero todos su padeceres se verán compensados por el amor de una mujer que le alzará el espíritu por sobre todo lo pasado.  

Como lo dicho a nada comprometía, le volví la espalda con indiferencia. 

- Ahora le toca a usted – le dijo a Ernesto.

Tomó su mano, y a los pocos minutos la vi palidecer, agrandarse sus ojos y decir: 

- ¡Pobre muchacho! ¡Y tan joven!

Como es natural, entre risas pero tensos ante lo ignorado, preguntamos qué veía en la mano de mi compañero.

Ella, en voz muy baja, me dijo:

- Su amigo morirá esta noche, ¡nadie puede salvarlo!

Espantado ante la revelación, solo atiné a preguntar:

- ¿Y cómo morirá?   

- ¡Ahorcado! – me respondió.

Ernesto, que se había ido acercando, se puso a reír y me dijo:

- Pero, Jorge, ¡cómo puedes creer semejante disparate! Deja eso para los ignorantes; piensa que, a menos que seas tú quien me ahorque, no hay un alma viviente en 30 kilómetros a la redonda, ¡y no pienso matarme! Por otra parte, tengo la vanidad de creer que mi cabeza se asienta admirablemente bien sobre mis hombros.

Contagiado por el buen humor de mi compañero, alejé la ridiculez de mis ideas, y como ya obscurecía, tomamos el camino de vuelta.

Para llegar más pronto, Ernesto, que era un magnifico conocedor del lugar, resolvió que tomásemos por un atajo, que si bien era muy frondoso, nada ofrecía de extraordinario.

Luego todo fue tan rápido que aun hoy me espanta el recuerdo.

En mitad del camino, el caballo de Ernesto, no supe jamás por qué causas, se espantó, desviándose hacia lo más espeso del bosque.   

Detuve a mi animal, esperando que mi compañero volviese luego de dominar el suyo; pero un grito ahogado me hizo ir hacia el lugar donde él se encontraba.

En medio de las sombras, algo destacaba sus nítidos perfiles en el espacio. Era el cuerpo de Ernesto, ¡balanceándose! 

Una liana que colgaba había pasado alrededor de su cuello, y su animal, en plena carrera, dio el ímpetu suficiente para producir la estrangulación.   

¡La profecía de la discípula de Tumac se había cumplido!
 
                                                                                    H. Jorge Gerardi (Capital Federal)
  

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

BOSSA, EL HOMBRE QUE ENTRÓ EN UN OVNI