El 30 de junio de 1908, una enorme bola de fuego de aproximadamente 80 metros de diámetro cayó desde el cielo sobre la parte central de Siberia. El bólido recalentó el aire a más de 16 grados Celsius antes de explotar en el aire, según algunas estimaciones, como lo harían mil bombas atómicas, desprendiendo un enorme destello de ocho kilómetros de altura que pudo verse a unos 400 kilómetros de distancia. Los supervivientes de la zona afectada lo describieron como un hongo gigante que se elevaba por los aires.
Si bien no se contabilizaron pérdidas humanas pues se trataba de un área despoblada, se estimó que la explosión bien podría haber borrado de la faz de la tierra a una ciudad del tamaño de San Petersburgo. Se calculó que unos 80 millones de árboles fueron derribados en un radio de 25 kilómetros y miles de ellos se incendiaron en un área de aproximadamente 1300 kilómetros cuadrados. La explosión fue detectada por todas las estaciones sismográficas de Eurasia y hasta por una estación barográfica en Inglaterra. La explosión rompió ventanas y arrojó a la gente al suelo a 400 kilómetros de distancia. En zonas de Rusia y Europa las noches brillaron de tal manera que se podía leer tras la puesta del sol sin necesidad de luz artificial.
Los informes detallados de los testigos oculares recién fueron sistemáticamente recogidos a finales de la década del 50 del siglo pasado. En ellos los testigos que habían estado a menos de 100 kilómetros de la explosión dijeron que la gente se había cubierto de furúnculos luego de la explosión, muriendo posteriormente muchos de ellos. Los científicos achacaron esta súbita aparición de furúnculos a una epidemia de viruela que había asolado el lugar en aquel momento. Expediciones de estudio hallaron altos niveles de radiación. Los arboles dañados, que asimilaban a “un bosque de postes de teléfonos” constituyeron un espectáculo idéntico al observado 37 años después en Hiroshima. La expedición encabezada por el minerólogo Leonid Kulik, la primera de ellas enviada en 1921 bajo el gobierno de Lenin, se sorprendió al no descubrir ningún indicio de cráter.
Muchos de los testimonios de los testigos y evidencias que se desprenden de los estudios del fenómeno sugieren que pueden haber estado describiendo una explosión nuclear, ¿pero cómo pudo producirse una explosión atómica casi cuarenta años antes que se registrase las destrucciones de Hiroshima y Nagasaki?
¿Qué fue entonces lo que explotó en Tunguska? Más de un
centenar de teorías se han esbozado al respecto. Aquella que dice que se trató
de la explosión de un cometa es la más aceptada por la comunidad científica. Pero
debido a la falta de rastros concluyentes, que se habrían destruido por la
poderosa explosión, esta teoría persiste “por inercia” antes que por evidencias
palpables.
Tanto las teorías que postulan que los culpables de la
explosión fueron un mini agujero negro o antimateria, lejos están de ser
respaldadas por evidencias comprobables.
Esto dio pie a que científicos como Yuri Lavbin, Presidente de una Fundación compuesta por más de una decena de científicos y dedicada exclusivamente a investigar el fenómeno de Tunguska, basándose en estudios en la zona realizados durante doce años, postulase que la explosión fue producto del choque entre un cometa y OVNI a seis millas (un poco más de nueve mil quinientos metros de altura) de la superficie terrestre. Lavbin basa su teoría en el hallazgo, en 2004, de dos piedras negras con forma de cubo de un metro y medio de ancho en la zona de la explosión y les atribuye un origen “no natural”. Los análisis le dieron la razón; pero debido a que en la zona se extrae petróleo, es probable que se trate de antiguos componentes de maquinarias. La composición mineral de dichas piedras aun es tema de debate.
Leonid Kulik.
A su vez Valery Uvarov, jefe del Departamento de
investigación OVNI de la academia Nacional de Seguridad de Rusia, declaró en
una entrevista a la revista UFO que la explosión “fue causada por la colisión de un meteorito y un misil”. Yuri Lavbin
adhiere a este parecer: "tengo plena confianza y
puedo hacer una declaración oficial que fuimos salvados por algunas fuerzas de
una civilización superior. Ellos explotaron este enorme meteorito que se
dirigía hacia nosotros con gran velocidad".
Según testigos oculares del fenómeno, “el cuerpo aparecía como un tubo“; “tenía
una velocidad muy baja y cambiaba de curso” y “dejaba un rastro negro”.
Una de las teorías más sorprendentes afirma que lo que explotó
en Tunguska en realidad fue una bomba atómica lanzada por los nazis en 1945.
Quienes defienden esta teoría aseguran que la intención de Hitler fue cambiar
el curso de la guerra bombardeando una remota y desolada región de Siberia con
el objeto de advertir a Stalin y los aliados de que poseía un artefacto atómico
y a su vez evitar la represalia aliada, pues si la hubiese lanzado sobre una
ciudad la venganza habría sido terrible. El führer alemán pretendía sentar en
la mesa de negociaciones a los aliados; por otra parte no contaba con una
cantidad suficiente de bombas como para detener la ofensiva en ambos frentes.
Pero
una maquinada falsificación de los servicios de inteligencia soviéticos habría
ocultado el lanzamiento de esta bomba nazi tras la cortina de varios meteoritos
caídos a principios del pasado siglo en un área indeterminada de Siberia.
También las expediciones de Kulik habrían sido inventadas como parte del
engaño.
Según las propias fuentes soviéticas, las
primeras fotografías de la zona siniestrada datarían de 1927. En ellas no se
aprecia recuperación forestal alguna luego de más de treinta años de ocurrida
la explosión. Sin embargo, en las fotografías de la zona a partir de 1946 podría
apreciarse una insólita recuperación del bosque. Zonas como Hiroshima y otras,
afectadas por catástrofes naturales semejantes, han mostrado una manifiesta recuperación
en tan solo un periodo de quince años, arguyen los defensores de esta teoría. Finalmente
Stalin ocultó el ataque a los aliados por temor a la posibilidad de una tregua.
La explosión de Tunguska aun persiste como un hecho
único y misterioso, siendo materia de intensos debates. Quizás algún día
obtendremos la definitiva explicación a este catastrófico y enigmático suceso.




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