¿Puede una advertencia sobrenatural llegar a salvar nuestra vida? Más allá de cualquier interpretación racional, numerosos casos parecen confirmarlo. El relato que sigue, protagonizado por una mujer que atravesó esta extraña experiencia, fue publicado en la revista Leoplan, en su sección dedicada a experiencias verídicas. (http://lacasadelmisterio666.blogspot.com.ar/2014/01/relatos-leoplan-de-terror.html)
La noche del 13 de enero de 1944, un calor sofocante
envolvía la ciudad de San Juan. Yo me encontraba sentada en la terraza de mi
casa, y sin saber por qué acudió a mi mente el recuerdo de mi madre, muerta en
Mendoza, muchos años atrás.
La voz de mi padre, dándome las buenas noches, me volvió
a la realidad. Minutos más tarde me fui a dormir; pero no pudiendo conciliar el
sueño debido al intenso calor, los recuerdos de mi niñez transcurrida en
Mendoza, pasaron en tropel por mi cabeza. Mucho tiempo hacia que faltaba de mi
ciudad natal. Mientras me hacía esta reflexión, que asociaba a la idea del
próximo viaje que mi padre haría a esa provincia, cierto extraño sopor se
apoderó de mí.
De pronto observé que la puerta de comunicación entre el
dormitorio y el comedor, se abría lentamente – no corría ni la más mínima brisa
-; sorprendida, miré fijamente hacia la puerta y nada vi; pero instantes
después, cuál no sería mi sorpresa y asombro, al sentir una voz femenina que
suavemente me llamaba por mi nombre, y fue tan claro y tan nítido el timbre de
esa voz, que pude reconocer que aquella era la voz de mi querida madre. Sentí
por un momento que las fuerzas me abandonaban, y me quedé en suspenso, sin
atinar siquiera a respirar.
Muerta de miedo encendí la luz y me levanté. Entonces me
acerqué a la puerta y pude comprobar con estupor que ésta, que había dejado
cerrada momentos antes, se encontraba completamente abierta.
Al día siguiente me desperté extrañamente impresionada y
con el vehemente deseo de ir a Mendoza y visitar la tumba de mi madre para
llevarle flores, pues hacía mucho tiempo que no la visitaba. Comuniqué a mis
familiares lo que me había sucedido y el propósito de trasladarme cuanto antes
a la mencionada ciudad.
El sábado 15 de enero a las seis y treinta me encaminé
con mi padre a la estación y tomamos el tren para la vecina provincia. Al
anochecer, ya en Mendoza, me encontraba con mi prima en el jardín de su casa,
cuando sentimos de pronto un fuerte temblor que, sin causarnos daño alguno, nos
sobresaltó.
Momentos más tarde, nos enteramos por radio del terrible
terremoto que destruyó a San Juan*. De habernos quedado en esa ciudad, estoy
segura de que hubiera perecido, ya que a esa hora me encontraba siempre en mi
casa y esta quedó completamente destruida.
Los lectores juzgarán si todo cuanto me ocurrió no fue un
llamado de mi madre desde el más allá, un aviso, para alejarme de tan terrible
catástrofe.
Norma Gallardo (Mendoza)
*El terremoto de
San Juan sucedió el 15 de enero de 1944. Este sismo se considera el
evento más destructivo que se haya registrado en la historia argentina. Su
intensidad máxima fue de 9 en la escala de Mercalli modificada.
