domingo, 23 de noviembre de 2014

OVNIS


EL CASO DEL CABO VALDÉS. 

En la madrugada del domingo 25 de abril de 1977 una patrulla del ejército chileno, compuesta por siete soldados y liderada por el cabo Armando Valdés Garrido, se hallaba en la pampa de Lluscuma -cercana a la localidad de Putre, República de Chile- realizando tareas de vigilancia. Entonces protagonizaron uno de los casos más emblemáticos de la ufología mundial.


De pronto, en medio de la noche, uno de los soldados divisó una extraña luz en el cielo que se aproximaba hacía el campamento. De inmediato avisó a Valdés y pronto toda la patrulla pudo ver la inquietante luz. Finalmente, el insólito destello pareció descender sobre uno de los cerros lindantes al campamento. Entonces, de esa refulgente luz se desprendió una más pequeña y avanzó hasta los sorprendidos soldados para posarse frente a ellos, a 500 metros de distancia. La intensidad de esta última luz era tal que los caballos de guerra que custodiaban los soldados empezaron a moverse, asustados.

El cabo Valdés, tan sobresaltado como sus hombres, no obstante tomó la voz cantante y pidió a los gritos que aquello se identifique. Al no obtener respuesta, el miedo se apoderó del grupo y a instancias de Valdés, todos enlazaron sus brazos encomendándose a dios y en un intento de darse fuerzas para enfrentar lo desconocido que los acechaba.
   
De pronto, el cabo Valdés creyó distinguir unas luces rojas a los costados de la luz blanca y se aferró a la remota esperanza de que se tratase de un vehículo militar o civil; entonces se desprendió de sus hombres y avanzó hacia la luz. Segundos después, el cabo Valdés desapareció. 

Al cabo de quince minutos, Valdés retorna súbitamente al campamento. Posteriormente, uno de sus hombres declaró que lo vio caer del cielo como si se tratase de un bulto; el suboficial tenía la mirada perdida y parecía en trance; es en ese momento cuando pronuncia unas inquietantes palabras: “Ustedes nunca sabrán quienes somos, de dónde venimos, pero volveremos”. Los soldados notan que Valdés tiene la barba crecida como si hubiese pasado varios días sin afeitarse. Y algo por demás desconcertante: el calendario del reloj del cabo señalaba el día 30 de abril, es decir que se había adelantado cinco días.


Días después, el hecho toma estado público. El ejército chileno interroga y luego separa a los soldados implicados y se da a la tarea de confiscar los elementos del incidente, entre ellas, el reloj del Cabo Valdés. El asunto es tratado como secreto militar. 

En estos últimos años, algunos de los implicados se atrevieron a romper el silencio que estuvieron obligados a mantener durante décadas. El caso se convirtió en uno de los incidentes OVNI más emblemáticos de Sudamérica.  

 
Muchos años ya han pasado de este extraordinario incidente, que Valdés posteriormente desmintió públicamente; pero tal impugnación -lejos de aclarar la naturaleza del hecho- sonó más a un cambio de postura inducido por creencia religiosas – actualmente Valdés es un evangelista convencido- o bien por presiones de otro tipo; aun así, el cabo no deja de reconocer los principales hechos que vivió aquella noche (las extrañas luces, su desaparición, sus enigmáticas palabras posteriores, etc.) y admite que lo sucedido tuvo un carácter francamente inexplicable. 

El caso, 37 años después, aún permanece abierto.      

domingo, 9 de noviembre de 2014

ENIGMAS HISTÓRICOS

U-65, EL SUBMARINO MALDITO.


A fines del siglo XIX, el por entonces Imperio alemán desarrolló una importante producción de naves para su marina de guerra con el objetivo de superar el indiscutible poderío británico de ultramar. Así en 1917, durante el transcurso de la 1° Guerra Mundial, el submarino U-65 - el quinto sumergible de una serie de 6 construidos un año antes - fue botado en Hamburgo.   Pero una serie de inexplicables sucesos, que incluyeron extrañas muertes, cimentaron una aterradora leyenda negra en torno a él. He aquí su historia.


Durante su construcción, en 1916, uno de los operarios falleció al golpearse con una de las vigas de la nave. A partir de entonces el U-65 estuvo signado por la tragedia. A principios de 1917, mientras era probado en mar abierto, la puerta de sala de máquinas se trabó y producto de ello tres tripulantes murieron asfixiados en el lugar. Pericias posteriores determinaron que la puerta abría y cerraba sin dificultad alguna.



Pero días después sucedió un hecho que espantó a la tripulación: durante una jornada de mar calmo y sin vientos fuertes, uno de sus marineros - mientras inspeccionaba la cubierta en los momentos previos a la inmersión – se arrojó imprevistamente al agua, sobre las hélices del motor encendidas. No obstante el extraño “accidente”, el capitán decidió proseguir con las maniobras e intentó sumergir la nave, pero esta no respondió y comenzó a hundirse sin control alguno hasta el fondo del mar. El pánico se apoderó de la tripulación ante la posibilidad de perecer por la falta de oxigeno. El calvario de la tripulación cesó, luego de varias horas, cuando el U-65 emergió por sí solo, tan súbitamente como se había sumergido.  
La posterior revisación en los astilleros no encontró anomalía alguna en la nave y esta fue declarada apta para el servicio. Pero durante las reparaciones, un torpedo estalla producto de un golpe matando a un oficial y ocho marineros.


Una vez en alta mar, varios tripulantes declararon ver en varios lugares del submarino al oficial que se había lanzado contra las hélices del mismo. Por esos días, durante una acción de combate, la tripulación, aterrada por permanecer en la nave, la abandonó en Dover a pesar del intenso fuego enemigo. El capitán murió en la acción.  
      

El pánico era tal entre los miembros de la tripulación, que prefirieron enfrentar un Consejo de guerra antes de volver a embarcarse en el “submarino embrujado”. En un hecho sin precedentes, el almirantazgo ordenó que un sacerdote exorcizara la nave, quizás con el objetivo de apaciguar a los sobresaltados marinos.

No obstante, las aterradoras apariciones del oficial muerto al lanzarse contra las hélices del submarino siguieron sobresaltando a los tripulantes, lo que sumado al suicidio de un marinero en la sala de máquinas y otros accidentes con heridos hicieron que las informaciones sobre el extraño caso del “submarino embrujado” se propagase como reguero de pólvora a toda la marina imperial. 


Finalmente la crónica consigna que el 18 de julio de 1918, el U-65 fue hundido en superficie por el submarino estadounidense L-2, cerca de las costas irlandesas. Sin embargo la posterior investigación - basada en el relato de las respectivas tripulaciones - estableció que el capitán americano pudo divisar, sobre la cubierta del submarino alemán, la figura de un marinero con los brazos cruzados, similar al fantasma del oficial que se le aparecía a los tripulantes del U-65. No obstante, el capitán ordenó lanzar los torpedos; pero antes que tal orden se ejecutase el sumergible alemán explotó inexplicablemente.     


El U-65 se hundió dejando un saldo de 34 marineros muertos y la Marina imperial rápidamente dio por terminado el caso. Pero ante la persistencia de los rumores, emitió un comunicado que negaba todos los rumores, las declaraciones de los testigos y solo admitía que: “en algún momento el submarino había efectuado maniobras inexplicables que escapaban al control y conocimiento de sus experimentados tripulantes”.

Verdad y leyenda se cruzan en esta estremecedora historia, que aún perdura como uno de los casos paranormales más estremecedores del pasado siglo XX. 

BOSSA, EL HOMBRE QUE ENTRÓ EN UN OVNI